A mi me encanta la pizza, tenía ganas de comer, pero sin apuro ni matar a nadie. En tiempos de cuarentena, dos cosas claras: Siempre en casa y salir a estrictamente lo necesario. La nevera no está buena y me toca «hackearla» para conservar lo poco que puedo almacenar allí.

Yo soy mejor comiendo que cocinando, para hacerlo a diario no lo hago tan mal, invento un poco, para no perder la gracia. Nose si esto es una receta pero compartan lo que inventen. Les cuento:

1.

Al pan de barra tipo canilla, lo piqué por la mitad como si preparara un sandwich, con las manos los presioné un poco para aplastarlo y le añadi un tanto de aceite de oliva.

2.

Conseguí Salsa de tomate que viene en sobre, lista para agregar a lo que estes cocinando, no le hice nada, directo al pan.

3.

Rebané muy delgado las rueda de calabacin, admito que podría haberlo hecho aun más delgado, coloqué antes y despues cebolla, porque me gusta ese sabor y antes de llevarlo al horno, sal y «polvito mágicos» a falta de pimienta de estos condimientos.

Este es el momento en donde te puedes dar el lujo de hacer lo que quieras, esa cosa mágica de inventar en ese espacio con salsa, cero quesos porque no tengo y al horno electrico que es pequeño y perfecto para estas cosas (que nunca falte uno en la cocina).

Allí lo dejé por un espacio de 15 minutos, entre rodear todo el espacio de calor y antes de sacarlo unos minutos (no más de 3 a 5) con calor de arriba hacia abajo para cocinar bien los ingredientes.

4.

Al salir, agregué unas hojas de rugula que aún tengo de esas bolsitas que traen seleccionadas esas ramas, añadí sal marina y otro toque de aceite de oliva (porque nunca es suficiente). Episodio 15 de mi cuarentena.

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